miércoles, 23 de mayo de 2012

NARRACIÓN COLECTIVA


- Así que tú te quieres dedicar a la prostitución…- dijo el jefe.
- Sí, las cosas me van cada vez de mal a peor y necesito cualquier trabajo para poder alquilar un piso, he estado buscando en estos días, pero no hay nada, así que es el única modo de poder deshacerme de la insoportable vida en la tienda al media del parque.
El jefe se la volvió a mirar de arriba abajo y le dijo:
- No creo que atraigas a muchos clientes, no es que tengas un físico malo, pero necesitamos a chicas más llamativas, como tu compañera, la Mariam ¿no?
- Sí, Mariam- dijo ella.
- Pero si a mí me ofrecieron este trabajo hace unos días, no entiendo como ahora me puedes decir esto.
- La verdad es que no sé quién te lo ofreció, pero debe ser por tu cara, y aquí esto no es lo más importante, reconozco que eres muy guapa, pero tienes que tener un cuerpo atractivo.
- No me lo puedo creer, ¿y ahora qué hago?
- Mira, te ayudaré, ya que estas en una crisis exagerada… vente mañana a mi casa, aquí tienes la dirección, puedes trabajar de asistenta para mí.
Se lo comenté a Juan, estaba muy contento porque esto de que trabajara de prostituta no le gustaba nada.

A la mañana siguiente, Juan me llevó a la casa del jefe, era una casa enorme, con piscina y todo. Llamé al timbre y el jefe me abrió la puerta.






- Así que te quieres dedicar a la prostitución –preguntó.- Sí, las cosas me van cada vez de mal en peor y necesito cualquier trabajo para poder alquilar un piso. Después de buscar mucho y no encontrar nada, creo que este es el único modo de poder deshacerme de la insoportable vida que llevo.
El jefe la volvió a observar.- No creo que atraigas a muchos clientes. No es que tengas un físico malo, pero necesitamos a chicas más llamativas, como tu compañera –afirmó.- No entiendo. ¡Me ofrecieron este trabajo hace unos días! –respondí.- La verdad es que no sé quién te lo ofreció, pero debe ser por tu cara, y aquí esto no es lo más importante. Reconozco que eres muy guapa, pero tienes que tener un cuerpo atractivo.- No me lo puedo creer, ¿y ahora qué hago? –me desmoroné.- Mira, te ayudaré. Vente mañana a mi casa, aquí tienes la dirección, puedes trabajar de asistenta para mí.
Esa noche, yo ya dormía cuando llegó Juan, por tanto no pude explicarle nada. Además prefería hacerlo una vez hubiera asistido a la cita.A la mañana siguiente, me dirigí a la casa. Era enorme, con piscina y todo. Llamé al timbre y una criada me abrió la puerta

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